Las invaluables Ejecutivas de Cuentas

Bulb! Marketing Magazine: Por Jaime Atria / Ilustración Roberto del Real






Quizás demasiado tarde y a la luz de muchas experiencias profesionales y personales post agencia de publicidad, quiero rendirle un sincero homenaje a esa raza tan vapuleada y ninguneada como son las ejecutivas de cuentas (lo pongo en femenino por no escribirlo con arrobas o con equis).


Durante mi larguísima carrera profesional me sumé a mis compañeros creativos protestando contra la presión que cada mañana ejercían sobre nosotros las ejecutivas y ejecutivos de cuentas, instándonos a terminar primero las tareas correspondientes a sus propios clientes que a otros evidentemente más urgentes e importantes. Y los ignoré en sus juicios creativos y en su poca capacidad de convicción ante el cliente cuando volvían con cambios que en no contadas oportunidades terminaban por destruir la idea (A más de alguno le habrán contado la clásica historia de la campaña americana de camisas Hathawey del hombre con parche en el ojo en la que el cliente después de decenas de cambios le dice al ejecutivo “…y una última cosa, sácale el parche en el ojo al modelo del aviso, porque la mayoría de nuestros clientes no los usa”).


Pero con la mano en el corazón, ¿cuántos de nosotros tenemos la capacidad de gestión, la tolerancia para recibir los retos del cliente, la capacidad de seducción, la paciencia de llamar y contestar llamadas veinte veces al día para volver a hacer cambios sobre el penúltimo cambio que ya había sido cambiado varias veces antes? ¿Y cuántos de nosotros tienen las ganas, la iniciativa y la energía para hacer que aquella “grandiosa” idea vea la luz?


Lo que me lleva a este homenaje tardío es la comprobación evidente de que finalmente más que la gran idea, el excelente invento, el sorprendente hallazgo o la novedosa visión que un genio creativo de cualquier índole puede descubrir, lo que realmente vale es la capacidad que puedas tener para llevar tu idea a la realidad. La capacidad de gestión, la paciencia para llenar papeles, la resiliencia para hacer trámites sin deprimirte, las ganas de hablar con el productor o el fabricante, el verso y la energía para conseguir los permisos, las agallas para conseguir los préstamos necesarios. La fortaleza para soportar sucesivos portazos en las narices y volver a golpear la misma puerta una y otra vez. Ese trabajo, sin que nos demos cuenta, lo realizan al interior de las agencias las ejecutivas de cuenta. Y si tú no te has contagiado de su ADN, por muy creativo e ingenioso que seas, cuando decidas que tu talento y creatividad pueden cambiar el mundo, o ser un aporte a la sociedad, o sientas que llegó el momento de independizarte, te encontrarás con un cúmulo de rejas y murallas que te harán ver que mucho más importante que la creatividad es descubrir y desarrollar a ese “pequeño ejecutivo de cuentas que llevas dentro”.


El mundo está lleno de buenas ideas que jamás vieron la luz. Son millones los artistas, músicos, científicos, emprendedores, escritores, genios e inventores que, a pesar de su genialidad, de sus estudios y de su visión, nunca pudieron llevar adelante sus ideas por no tener “un pequeño ejecutivo de cuentas” en su ADN.


Asimismo, el mundo está lleno de malas ideas que sí vieron la luz, gracias al empuje de algún personaje con un inmenso ejecutivo de cuentas en sus genes que convenció a algún inversionista, un político, un mecenas o a algún poderoso de que su pésima idea iba a funcionar.


En pocas palabras, si piensas que por ser un genio creativo cuyo talento y creatividad son suficientes para que el mundo se arrodille a tus pies, empieza a pensar de nuevo, y aprende algo, aunque sea un poco de aquellos que muchas veces menosprecias, pero que seguramente poseen algo que tarde o temprano vas a necesitar: Capacidad de gestión, seducción, resiliencia y pasión para que tus ideas lleguen tan lejos como jamás pudiste imaginar.


__________________________________________________________________________________


Publicado en Bulb! Marketing Magazine: Por Jaime Atria / Ilustración Roberto del Real


1 visualización0 comentarios